Suena irónico pero a veces uno de los días más agotadores de tu año puede ser el más mágico. Georgia empezó a notar la mente espesa y sentir que ya no estaba en otro lugar sino en un avión. No hay fin, no hay destino. Ella, recién despierta, después de dormir demasiado sin tener en cuenta el paso de las horas entre las nubes, se puso a ver películas de fantasía para despistar al sueño. Intentaba a la vez apaciguar la sensación de soledad al "viajar" sin una compañía que supiera darle un ligero abrazo de consuelo, era el detalle más bello que le podrían hacer en ese momento.
Por fin estaba llegando a casa...
Levantó la cabeza. Con cierta tristeza, dibujó una suave sonrisa en el rostro.
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