Quizás no todos entiendan el concepto de dolor de corazón, pero sin duda, Georgia si. Lo sabía, por una razón muy simple, y era porque en ese momento le dolía el corazón. Era un dolor bastante punzante aunque no lo quisiese reconocer. Procuraba ignorar sus sentimiento y seguir con la rutina con una cara sonriente. Prefería creer que mientras no se detuviese a pensar demasiado, iba a poder estar de pie; reconocer que por dentro estaba destrozada sería pronunciar un triste conjuro que le hundiría, en cambio, si lo ignoraba, siempre podría continuar fingiendo y esas grietas en sus pupilas no explotarían.
Encontró la mejor manera de evitar el maldito conjuro: Silencio. Más triste estaba, más silencio reinaba en ella, puede que cada vez aumentaba un poco sus ganas de llorar, perdiese fuerza.
Dos noches después, dejó de sentir el dolor punzante, pero el silencio permanecía. Ya no sabía cómo se sentía, quizás fuese la típica ausencia después de tanta tristeza, dolor...
Qué te pasa? - le preguntó. Georgia dudó al contestarle. No tenía ganas de echarle en cara nada ya.
Solamente pudo decir: He perdido temporalmente la sonrisa y aún no la he recuperado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario